-Cierra los ojos- me dijo, y pude oler más intensamente ese perfume que siempre la caracterizaba. Imaginé su boca acercándose a la mía. Pensé que por una vez ella deslizaría el carmín de sus labios por mis labios, pero no fue así.

-Ahora abre la boca- y soltó una risita. Pude escuchar el sonido de la cremallera de su bolso, pero no escuché nada más. Si algo sacaba de ahí, lo hacía con mucha cautela. Mi lengua se preparaba ya para adivinar de qué sabor era lo que probablemente iba a meterme en la boca cuando sentí su aliento pegado a mí y algo húmedo atravesando el umbral de mis labios. Su beso sabía a... nube.